Libranda, la plataforma española de difusión de libros electrónicos que se lanzó en fechas recientes al hiperespacio de Internet, va camino de batir records de despropósitos y una candidatura de nuevo cuño en el Libro Guiness de los Récords.
Primero fue la larga fase de anuncio que creó bastante espectación, luego fue su puesta en servicio y sus aparentes defectos de programación que la hicieron inoperativa y ahora su formato de ventas y la política de precios que no parece convencer a casi nadie.
Hasta el punto de que más de un internauta ha hecho correr la idea, descabellada, por cierto de que se trata de una inversión de las editoras de papel para desprestigiar al libro electrónico, al formato y a la industria que nace. Por favor.
No me he quedado parado. Me he dado un paseo virtual por las plataformas de las redes sociales más seguidas y he recogido una cosecha ...